Los días 8 y 9 de noviembre de 2025, Marbella se convirtió en el escenario mundial de una gran prueba de resistencia: un triatlón de élite que reunió a unos 7.000 atletas, más de 3.000 personas de organización y voluntariado y alrededor de 50.000 espectadores. Un evento así no solo se mide en kilómetros, sino en la capacidad logística e infraestructura que hay detrás para sostenerlo todo sin fallar.

En este contexto, la higiene es tan importante como el cronometraje o la seguridad del circuito. El uso intensivo de geles, bebidas isotónicas y suplementos hace que los triatletas necesiten acceso frecuente a sanitarios, especialmente en zonas de transición, meta y puntos de avituallamiento. Disponer de sanitarios portátiles suficientes, bien situados y siempre operativos es clave para que los deportistas pierdan el mínimo tiempo posible fuera de la competición.

El reto aumenta si pensamos que el triatlón combina natación, ciclismo y carrera a pie, con un recorrido repartido entre Marbella y Puerto Banús. Eso exige estudiar cada tramo, colocar los sanitarios en puntos estratégicos, coordinarse al detalle con la organización del evento y pensar no solo en los atletas, sino también en el público que acompaña, anima y se mueve por el circuito.

Nuestro trabajo en una prueba así va mucho más allá de “poner baños”. Diseñamos el despliegue, planificamos las rutas de servicio, coordinamos a los equipos de limpieza y ajustamos los turnos para mantener cada unidad en condiciones óptimas durante las dos jornadas. Esto implica reacción rápida, capacidad de adaptación y un nivel de exigencia muy alto, acorde a un evento de categoría mundial.

Ha sido, también para nosotros, una prueba de resistencia. Un desafío que nos ha puesto a prueba como equipo, en el que hemos aprendido, afinado procesos y mejorado nuestro propio rendimiento. De alguna manera, nos hemos sentido un poco como los atletas: manteniendo el ritmo, gestionando el esfuerzo y dando lo mejor de nosotros cuando más se necesitaba.

Formar parte de un reto deportivo de este nivel es un orgullo. Es la mejor demostración de que entendemos las necesidades de un gran evento internacional y de que podemos convertir un servicio básico, como la higiene, en un pilar silencioso del éxito de la prueba.

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